Mensaje de la Madre Teresa:

"Dios
ha enviado a la familia para que sea Su Amor"
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Hoy día hay tantos problemas
en el mundo y yo creo que muchos de estos problemas
comienzan en casa.
El mundo está sufriendo
tanto porque no hay paz.
No
hay paz porque no hay paz en la familia.
Debemos hacer de nuestras
casas centros de compasión, y perdonar
sin cesar, y así habrá paz.
Ustedes han de ser una familia,
ser esa presencia de Cristo el uno para el otro.
Dios
ha enviado la familia para que sea Su amor.
Ámense los unos a los otros con ternura
como Jesús ama a cada uno de ustedes.
Jesús siempre está
allí... para amar..., para compartir...,
para ser la alegría de nuestra vida.
El amor de Jesús para
nosotros es incondicional... es tierno... siempre
perdona... es completo.
Solo deja que la gente vea
a Jesús en ti: que vea como rezas...
que vea como llevas una vida pura... que vea
como tratas a tu familia... que vea cuanta paz
hay en tu familia.
La
consideración hacia los demás
es el punto de partida para una gran santidad.
Si aprendes ese arte de la consideración,
te harás más y más parecido
a Cristo, porque Su corazón era manso
y El siempre pensaba en las necesidades de los
demás. Si tenemos esa consideración
los unos a los otros, nuestras casas realmente
se convertirían en el hogar del Señor
Altísimo.
¿Conoces primero a
los pobres de tu propia casa? Tal vez en tu
casa haya alguien que se siente solo, no muy
acogido, no muy amado. Tal vez tu esposo o tu
esposa o tu hijo se siente solo. ¿Sabes
eso?
Hoy día ni siquiera
tenemos tiempo de mirarnos el uno al otro, de
hablarnos, de divertirnos en la compañía
de otros... Y así, cada vez estamos menos
en contacto el uno con el otro. El mundo está
perdido por falta de dulzura y amabilidad. La
gente siente una gran hambre de amor porque
todo el mundo tiene tanta prisa.
Sean felices. . . y dedíquense
muy especialmente a ser un signo de la felicidad
de Dios. La alegría se refleja en los
ojos; es evidente cuando uno habla y camina.
No la podemos encerrar dentro de nosotros mismos.
Cuando la gente encuentre en tus ojos esa felicidad
habitual, entenderán que ellos son los
hijos amados de Dios. La alegría es muy
contagiosa. Nunca sabremos todo el bien que
una simple sonrisa puede causar. Sean fieles
en las cosas pequeñas. Sonrían
el uno al otro. Tenemos que vivir bellamente.
Si introducimos la oración
dentro de la familia, la familia quedará
unida. Se amarán los unos a los otros.
Reúnanse por sólo cinco minutos.
Es de allí de donde vendrá su
fuerza. El tiempo que pasamos teniendo nuestra
audiencia diaria con Dios es la parte más
preciosa de todo el día. Quiero que Vds.
llenen sus corazones con gran amor.
Hagan
de sus casas - y de sus familias - otro Nazaret
donde el amor, la paz, la alegría y la
unidad reinen, porque el amor comienza en el
hogar.
¡Que Dios los bendiga!

Este mensaje de la Madre
Teresa, que apareció originalmente en
el boletin "Co-Worker Newsletter"
(Summer/Spring, 1989), es distribuido por Alianza
Latinoamericana para la Familia, Apartado 1225,
Carmelitas, Caracas, Venezuela
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